La música le acompaña o le persigue a uno todo el tiempo: cuando crees estar en silencio tu imaginación recrea o inventa tonadillas, tus dedos tamborilean ritmos anónimos y acabas silbando algún clásico deforme. Buscamos el ritmo en las obras del vecino y la armonía en el tráfico urbano. Escuchamos, hablamos, pensamos, bailamos, comemos y cagamos música. Nos alegra, nos deprime, nos fascina, nos aburre y nos consume. La compramos, la vendemos, la regalamos y la robamos. La creamos, la buscamos y la evitamos. La amamos, la odiamos... o ni la oímos. La música puede sacar lo mejor y lo peor de cualquiera. ¡Se muere y se mata por ella!. Hagas de ella hobby, profesión u obsesión... te afecta por igual, para bien y para mal (aunque te dé igual). |